Nobel de Paz

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Lilia Beatriz Sánchez
Docente Facultad de Gobierno y Relaciones Internacionales

Registro con gran satisfacción la adjudicación del Premio Nobel de Paz al Presidente Juan Manuel Santos en el día de hoy. Me parece un justo reconocimiento a un trabajo y un esfuerzo monumentales, desarrollado en el transcurso de los últimos 6 años, aun cuando algunos analistas solo hablan de 4 años, que son precisamente los conocidos públicamente, pero se sabe de un trabajo secreto por más de 2 años, antes de que se supiera de manera pública. 

Dos aspectos fundamentales, parece necesario reconocer en este caso: 

a) Una decisión determinante y contundente, tomada a todo costo por el Presidente, lo cual le ha significado el gasto de casi todo su capital político en este empeño de la paz y todavía no sabemos qué sigue después del reto de perder el Plebiscito.   

b) Es necesario reconocer, que a pesar de tener una oposición cerrera de otros partidos, en particular del Centro Democrático, el Presidente Santos ha sido determinante, disciplinado y persistente en este objetivo central, incluso a costa de otros objetivos del desarrollo muy importantes a su vez, como podría haber sido la salud, la justicia, la corrupción, la infraestructura, solo por mencionar otros temas restantes, de radical importancia para el país y con los cuales todavía existe una deuda social de desarrollo pendiente para las generaciones presentes y futuras.

Desde la óptica internacional, significa no solo un reconocimiento a los esfuerzos por la paz, sino también, a mi juicio, un espaldarazo a una gestión que aún no termina pero que ha significado el reconocimiento mundial, como uno de los procesos más inteligentes y profesionalmente llevados, no solo dentro de  Colombia, sino en el mundo, pues involucra esfuerzos integrales en todos los campos, jurídicos, políticos, económicos, sociales, de equidad, de relaciones internacionales, habiendo logrado el apoyo sin precedentes de organismos como la ONU, la OEA, FMI, los países europeos, latinoamericanos y en particular, el apoyo de los E.E.U.U, tanto en apoyo político como financiero, económico y de cooperación internacional. Apoyo que podría llegar al orden de los US1.500 Millones de Dólares, prometidos ya, pero que se descongelarán en el momento en que se reanuden los esfuerzos de negociación y se proceda al nuevo proceso de acuerdo. 

Este reconocimiento al Presidente Santos, que puede  tener muchos detractores también, le llega en el preciso momento en que se fractura el proceso de paz, por cuenta de los resultados del Plebiscito realizado el 2 de Octubre en Colombia. Pero si somos justos y no sectarios políticos, el Premio Nobel de  Paz, fue justamente adjudicado y significa también un reconocimiento a la cadena de dolores y tragedias que ha vivido nuestro país, al adelanto y madurez en que queda la negociación actual y por qué no, significa un empujón a la energía del Presidente para proseguir las luchas que faltan y que no se rinda. Y es también un reconocimiento al profesionalismo implícito del proceso de paz, como curiosidad a nivel mundial. Pocos y contados colombianos saben (o no quieren reconocerlo) esto último, en función de que padecemos de poca autoestima internacional y no somos proclives a reconocer y/o agradecer el trabajo y las afugias de otros. Pueda ser que precisamente, todos estos acontecimientos que estamos viviendo, nos cambien la faz al espíritu colombiano, por una de autoestima, dignidad y optimismo que tanto necesitamos.

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