REFORMA TRIBUTARIA, O CATÁSTROFE

(Revista Semana, 2016)

Fernando Vergara García-Herreros[1]

Pagar impuestos es una obligación ineludible para todos los ciudadanos en la casi unanimidad de los países. Como Estado centralizado, se sabe que Egipto ya tenía unas herramientas de cobro tributario que iban desde la coerción, hasta la violencia. Desde entonces, toda reforma tributaria tiene muchos detractores y muy pocos defensores.

      Colombia gozó durante varios años de los altos precios del petróleo, níquel, y carbón, que le entregaban al fisco unos ingentes recursos, que le permitían mantener el aparato del estado, así fuera, de una manera no del todo eficiente. Estos precios sufrieron caídas, en momento dados superiores al 60%, lo que afecto los ingresos del estado. Las cifras oficiales reportan que el déficit puede superar los 30 billones de pesos, pero “analistas económicos independientes sostienen que es de 70 billones”[2].

      El pasado 19 de octubre, el gobierno colombiano presentó el tan anunciado proyecto  de reforma tributaria estructural, consecuencia de un trabajo elaborado por una comisión de “notables”, que hizo estudiosas propuestas con el propósito de conseguir una reforma más equitativa y profunda.

      Entre las variadas propuestas de esta reforma, contiene “modificaciones al impuesto sobre la renta de personas naturales y jurídicas, a la tarifa del impuesto a los dividendos, a la tarifa general del IVA y a otros aspectos importantes en el mismo impuesto; propone además modificaciones al impuesto al consumo, al régimen de precios de transferencia, al régimen de algunos impuestos territoriales y a las medidas de control a la elusión y a la evasión. Adicionalmente, crea el Monotributo, el impuesto al consumo de bebidas azucaradas, el impuesto al Carbono y la contribución parafiscal al combustible, entre otros”[3].

     Esta reforma, además de los contenidos antes anunciados, en la práctica pretende aumentar la base de contribuyentes, por ejemplo, los de impuestos de renta de personas naturales, donde se incluyen cerca de 500.000 patriotas, con ingresos mensuales superiores a 2.7 millones de pesos.

      “Además, habrá más de 100 bienes y servicios de uso frecuente para los colombianos, como el café, el azúcar, el chocolate o las pastas, que mantienen un IVA del 5 por ciento, canasta a la que se le agregaron otros productos, como los periódicos, por ejemplo”[4].

      Se ha anunciado también, que el IVA subiría del 16 al 19 por ciento, donde críticos a esta reforma, aducen que este es un impuesto regresivo, donde todos lo pagarán por igual, bien sean ricos o pobres. En defensa de este aumento, el gobierno trae a colación cifras que demuestran que, frente a nuestros vecinos en América Latina, Colombia mantendría una tarifa más baja o similar.

      El Congreso debe iniciar el trámite para la discusión de esta reforma. Sin lugar a dudas, se presentarán modificaciones y cambios a lo presentado por el gobierno, los gremios, la academia y otros foros tendrán que hacer valer sus opiniones. Se presentaran discusiones, unas sabias, didácticas, bien intencionadas; mientras otras, esconderán sus personales intereses y trataran de obstruir el debate.  Esa es la democracia. Lo que no está bien es que algunos dirigentes políticos, con miras a las elecciones de 2018, pregonen desde ya, que no votaran esta reforma, en una clara posición populista, donde aspiran a más votos, por menos impuestos necesarios.

      Como colofón, se hace necesario que esta reforma tributaria estructural, sea aprobada por el Congreso antes de finalizar el año. Lo contrario, traería consecuencias para el país, entre otras razones y según lo vaticinado por el Ministro de Hacienda, podría bajarse la calificación de riesgo, subiéndose los intereses del pago del servicio a la deuda y esto afectaría la inversión social. No somos gobiernistas, pero se requiere de una reforma integral, que de sostenibilidad a nuestros menguados recursos.

 

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[1] Profesor de medio tiempo, en la Facultad de Gobierno y Relaciones Internacionales, de la Universidad Santo Tomás de Aquino. Docente en las materias Historia Económica y Política de Colombia y Economía Internacional.

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[2] María Isabel Rueda. (23 de octubre de 2016). Ni abucheos, ni violadores. 8 de noviembre de 2016, de El Tiempo Sitio web: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/ni-abucheos-ni-voladores-maria-isabel-rueda-columnista-el-tiempo/16732681

[3] EY Colombia. (Octubre 25 de 2016). Proyecto de ley Reforma Tributaria Estructural Principales aspectos. 8 de noviembre de 2016, de EY Building a better working world Sitio web: https://eycolombia.files.wordpress.com/2016/10/tax-alert-reforma-tributaria-principales-aspectos-1.pdf

[4] MARTHA MORALES MANCHEGO. (23 de octubre de 2016). Así sentirá la clase media el impacto de la reforma tributaria. 8 de noviembre de 2016, de El Tiempo Sitio web: http://www.eltiempo.com/economia/finanzas-personales/como-afecta-la-reforma-tributaria-a-la-clase-media/16732638

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REFERENCIAS

 

EY Colombia. (Octubre 25 de 2016). Proyecto de ley Reforma Tributaria Estructural Principales aspectos. 8 de noviembre de 2016, de EY Building a Better Working World Sitio web: https://eycolombia.files.wordpress.com/2016/10/tax-alert-reforma-tributaria-principales-aspectos-1.pdf

 

MARTHA MORALES MANCHEGO. (23 de octubre de 2016). Así sentirá la clase media el impacto de la reforma tributaria. 8 de noviembre de 2016, de El Tiempo Sitio web: http://www.eltiempo.com/economia/finanzas-personales/como-afecta-la-reforma-tributaria-a-la-clase-media/16732638

 

María Isabel Rueda. (23 de octubre de 2016). Ni abucheos, ni violadores. 8 de noviembre de 2016, de El Tiempo Sitio web: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/ni-abucheos-ni-voladores-maria-isabel-

 

 

 

 

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